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Resiste Covadonga

La Fe y las Obras

11 Mayo 2021 , Escrito por EliasBautistaLeónDeSanMarcos Etiquetado en #Biblia, #Catecismo, #Fe, #Iglesia, #Jesucristo, #catolicismo, #religión, #teologia, #Caridad

 

Dicen los protesto-vangelicos, basándose en la mentira de la "Sola Fide" que solo la fe salva, cuando está muy claro que La Biblia dice que son necesarias ambas. 

Dicen también, para excusarlo que las obras (entendidas las obras de caridad) son un "fruto" de la fe. 

Incluso aceptando este planteamiento, en la forma que no en el fondo, si comparamos la Fe con una planta, sabemos que esta planta da frutos, pero por otra parte, sin esos frutos la planta no se multiplica ni reproduce. Si una planta da frutos es tanto para alimentar a los que comen de ella como para multiplicarse a sí misma; en los frutos está la semilla que hará que esa planta siga existiendo. Así pues, el "fruto" aun siendo una "causa secundaria" de la planta, no es por ello menos imprescindible. Si la planta es el origen, el fruto es necesario para su reproducción. 

De la misma forma, si las obras son "fruto" de la fe, siguen haciéndose necesarias para la vivificación de esta fe y por tanto son igualmente necesarias para la salvación.

Los amparos textualistas de los protesto-vangelicos suelen ser algunas frases reinterpretadas o sacadas de su contexto como "El justo vivirá por la fe".

Sin embargo olvidan otras como las dos siguientes:

 

San Pablo: "ahora prevalecen estas tres: La fe, la esperanza y la caridad pero de estas tres la más importante es la caridad". No lo relativiza con algo como "es mejor con obras pero sin, también es buena"...

Santiago: "Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta." ¡Muerta!

Siguiendo las palabras de Santiago, veremos lo absurdo y cruel que resulta decirle a alguien que tenga fe y no socorrerle en sus necesidades.

 

 Barroco, pintura religiosa, Bartolomé Esteban Murillo,
Curación del paralítico. Murillo, 1667 - 1670 Óleo sobre lienzo. National Gallery

Jesús mismo dice que lo que hagamos por los "más pequeños" (más humildes, desfavorecidos, necesitados) lo hacemos por Él. Habla de dar de comer y beber; de alojar y vestir; de atender y visitar. Y dice bien claro que todos los que no lo hagan serán apartados de Él y enviados  "al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles".

En síntesis, el que no practica la caridad está al nivel de castigo del mismísimo Satanás.

 

Otro problema es que suelen mezclar las declaraciones de S. Pablo sobre las obras de la ley y las obras de caridad creyendo que ambas son lo mismo. ("nadie se salva por las obras de la ley", etc.) el mismo problema que tienen con el término "tradición" confundiendo la Tradición Apostólica (lo que fue comunicado de palabra y por cartas) con las tradiciones humanas (leyes de pureza ritual patriarcales y contagios paganos).

En cambio no parecen haber leído que:  "es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.      (2 Cor. 5, 10)

Está bastante claro que S. Pablo enseña que se nos juzgará según las obras.

 

La doctrina católica también enseña que solo el sacrificio de Jesucristo nos salvó y que fue por Gracia (es decir nadie  hizo ni pudo hacer nada para merecerlo por muchos "méritos" que tuviera con LA LEY mosaica). Ahora bien, así mismo es innegable que el Evangelio dice que una vez salvados por Gracia no es únicamente la Fe la que te salva, si no la Fe unida a las Obras. Tanto da que el pensamiento protestante crea que uno fruto de lo otro. Es como buscar si fue primero el huevo o la gallina. Si leyeran de verdad El Nuevo Testamento verían que son necesarias ambas. Sobre que, con solo creer estas salvado, en cambio dice La Escritura que "No todo el que me llama 'Señor' (creer en Él) entrará en el Reino de los Cielos, si no el que hace la voluntad (demuestra su fe por sus obras) de mi Padre que está en los Cielos." y así mismo que "también los demonios creen y tiemblan...". Los demonios, que fueron ángeles, saben quién es Dios (¡estuvieron muy cerca de Él!) y sin embargo cayeron y se condenaron por su rebelión (por sus obras) y es Jesús quién distingue a los que son hijos de Dios de los hijos del diablo por sus obras ("Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais... Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer" (Jn. 8, 39 y ss.) "El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo....En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios" (1 Jn. 3, 8-10).
Así pues está bien claro que por las obras te salvas o te condenas tanto como por la fe, pues cualquiera de las dos sin la otra, queda coja. Dios se hizo hombre para destruir "las obras del diablo" y aunque fueran obras "espirituales" o "metafísicas" (mentir, corromper,etc.)  no dejan de ser obras.

El que "no practica la justicia" es el que no pone en práctica la justicia, es decir el que no demuestra su fe por las obras.

 Barroco Español,  MURILLO ESTEBAN MURILLO BARTOLOMÉ
Santo Tomás de Villanueva repartiendo limosna. Murillo, 1678 Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Sevilla.


El Sacrificio de Jesús nos dio la salvación en forma de "oportunidad" que las personas pueden aceptar o rechazar. El sacrificio de Jesús abrió una puerta que hasta ese momento había sido cerrada desde la transgresión de Adán. Ese sacrificio salvífico lo hizo Jesús por toda la humanidad, para que, mediante el Bautismo pudiera el ser humano comenzar (y sólo comenzar) a ganarse la amistad de Dios. 


Ya sabemos que hay personas que "dicen pero no hacen" y que al final sólo Dios ve el fondo de las almas.
Solo el sacrificio de Jesucristo nos salvó, sí, pero de ese principio se desprenden las dos "piezas" necesarias para que nosotros optemos a esa salvación. Solo "elegir" creer pero sin hace nada es insuficiente; de la misma forma hacer sin creer (o peor, simulando falsamente creer) no sirve de nada. Como dije, incluso si piensan que las obra son "fruto" de la Fe, la Escritura demuestra que no es un fruto "opcional" si no tan necesario como su fuente. 


El caso del Joven Rico, es más una demostración de la "obras" de la Ley (cumplimiento de los Mandamientos y de las leyes de los patriarcas) a las que se refiere S. Pablo en, por ejemplo, Romanos 3, 20 y que muy a menudo son confundidas (por usar la misma palabra "obras") con las Obras de Piedad o Actos de Caridad (a los que se refiere Santiago y demás).
El caso del Buen Ladrón es un buen ejemplo pero el resto del Evangelio (con las citas ya aducidas y varias más que se podrían aportar) nos demuestra que este caso único es una excepción. Y si Jesús hizo esta excepción  fue para darnos el ejemplo de esa posibilidad (de la que se burlan algunos y que otros califican de injusta) de que, incluso al final de la vida, un último momento de arrepentimiento puede salvarnos y esto fue así gracias a que el Buen Ladrón confesó su culpa y demostró que creía en Él pero también hay otro ejemplo en este pasaje y es que este Buen Ladrón esperaba un "reino en la tierra" como ambicionan los judíos y defienden aún algunas sectas: "Acuérdate de mi cuando vengas en tu Reino"  a lo que Jesús responde "hoy estarás conmigo en el Paraíso..." con lo cual demuestra que no hay que esperar a la Resurrección final y así mismo, la pervivencia del alma como parte espiritual del ser humano que trasciende a ese Reino que "no es de este mundo". El episodio de Lc. 23, 39 y ss. es muy importante e interesante en más de un aspecto para la correcta comprensión de varias verdades teológicas.

Bartolomé Esteban Murillo, barroco español, pintura religiosa.
Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos. Murillo, c. 1672 Óleo sobre lienzo. Iglesia de San Jorge (Hospital de la Caridad), Sevilla,

 

Creo que uno de los problemas de comprensión más comunes sobre la Salvación, viene de malinterpretar la frase que usan muchas sectas sobre aceptar a Cristo como "salvador personal".
Parece que no han leído el Evangelio donde dice bien claro que Cristo se sacrificó "una vez y para siempre" y lo hizo "por todos los hombres" (Tito 2, 11) incluidos lo que entonces se llamaban "gentiles" (paganos) (1 Tim. 4, 10). Cuando decimos que Jesucristo nos salvó,  y que SOLO ese sacrificio pudo hacerlo, no hablamos de la salvación presente y personal de cada uno cosa que, obedeciendo al Libre Albedrío, es algo que las personas pueden aceptar o rechazar.

Para entendernos mejor (y en palabras que no son mías) La Salvación es un regalo de Dios  (que nadie se ganó, en PASADO, por sus actos), la Fe y las Obras son la respuesta de los hombres a ese regalo; y en esta respuesta sí son necesarias (en PRESENTE y para el futuro) estas hermanas inseparables que son Fe y Obras.


La Salvación ERA imposible para el hombre por sus méritos y, mucho menos, por el cumplimiento de la Ley mosaica, por eso es un don, un regalo de Dios. Pero la Fe no es un acto de Dios si no del hombre que libremente, teniendo ahora la capacidad de aceptar o rechazar el regalo, capacidad que sí ha sido dada por la "regeneración" en el bautismo-  elige depositar la "confianza absoluta" que significa "creer sin ver", y decide hacerlo por voluntad propia. Ahora sí, todas las generaciones desde que Cristo entregó su vida por nosotros para darnos la opción de elegir (para abrir una puerta por la que libre y voluntariamente puedes entrar...o no; Mat. 7, 13-14) ahora sí, los que estamos bajo la Gracia nos ganamos los méritos de la Fe por las Obras, pues estas obras ya son en Cristo (no en la ley). Al fin y al cabo, el hecho mismo de tener Fe es un Acto. El Acto de Fe.

 

 

[25/10/2015 16:37]

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